Los últimos años han sido testigos de una relativa explosión de las necesidades de formación y producción de conocimiento, asociadas tanto a realidades sociales en rápida transformación como a la proliferación de redes, colectivos y movimientos que han tratado de movilizar y producir saberes propios frente a la atonía institucional, en terrenos que sin embargo resultaban centrales en relación a toda perspectiva de cambio.

Esta multiplicación relativa de los experimentos de formación y producción de conocimiento se ha visto aislada por la total ausencia de un espacio de investigación autónomo, que tuviese cuanto menos una cierta densidad institucional. El contexto vendría caracterizado más bien por la completa saturación de lo que llamaríamos «producción intelectual» por parte de las dinámicas curriculares y universitarias, que naturalmente han tendido a cauterizar cualquier iniciativa de producción de conocimiento organizado y dirigido por una vocación de conexión con procesos sociales vivos.

Bajo esta perspectiva se trataría de abrir la posibilidad de abrir un marco que permita la organización y coordinación de proyectos de investigación, que sirva además como proyecto mínimo de secesión de los procesos de producción intelectual neutralizados por agujeros negros, en tanto que lugares donde se produce la pérdida de la riqueza social productiva al ser fagocitada por el tejido empresarial, público o privado, en un movimiento de reapropiación de dicha producción; así como de la autoabolición que tiene lugar en el ámbito de la la investigación académica, al desechar gran parte de su riqueza y matices, por no tener cabida en éste. El proyecto tendría además la intención de organizar espacios autónomos que fuesen también agentes o catalizadores de las realidades sobre las que investigan.

Como primer experimento de este tipo se propone este proyecto de discusión e investigación sobre las dinámicas de valorización capitalista de lo que llamaríamos genéricamente como «producción cultural». Las hipótesis y tópicos que podrían formar parte de esta discusión podrían ser las siguientes:


  • Definición y marco de la producción cultural y sus efectos económicos. Hablar de producción cultural es hablar ya de forma no-neutral, en tanto en cuanto no se considera la cultura como una «excepción» al margen de la esfera productiva, sino como un ámbito productivo que al igual que otros genera sus propios mercados e industrias (véanse si no el mercado de arte, la industria musical, el mercado editorial), pero que a diferencia de estos tiene notables efectos (lo que denominamos como externalidades positivas) sobre el territorio y los espacios que sirven como soporte a estas producciones. Así ocurre por ejemplo con las políticas de ciudad-marca, y los efectos sobre el mercado inmobiliario y el sector turístico, dado que tienen un importante pilar en estas industrias culturales.
  • La producción cultural no se realiza exclusivamente en territorios institucionales precisos (como museos, empresas, centros de arte, conservatorios) sino que aparece imbricada en procesos sociales complejos en los que lo institucional y lo a-institucional aparecen mezclados en lo que llamamos cuencas de cooperación productiva. Estas cuencas son los verdaderos sujetos de la producción cultural, además de sus más importantes reservorios. Se propone aquí realizar una investigación conceptual sobre la noción de «cuenca», así como de cartografíar las reconocibles en una metrópolis como Madrid. Nótese bien que en muchos casos dichas cuencas adoptan la forma de un estilo de vida o subcultura con expresiones territoriales concretas (así Chueca, «Lavapiés» en cierto modo, etc.).
  • Captura y valorización de la producción cultural. ¿Cómo se valorizan las formas de expresión social? Existen aquí indudablemente mecanismos clásicos,y no tanto, como la sumisión empresarial, apoyada sobre la fuerte precarización social; la privatización de los commons a través de las leyes de propiedad intelectual, pero también dispositivos más o menos sofisticados de subjetivación y movilización interna promovidos por discursos como el empresarialización de sí (en tanto que hacer de uno mismo una empresa, poner la vida a trabajar), la innovación, el emprendedurismo, etc. Se debería considerar, por otro lado, la dimensión institucional (del centro de arte o cultural) como espacio de organización de esa captura a la que aludimos en términos de movilización.
  • La clase creativa y el cognitariado: las posibilidades de construcción de un para sí colectivo. Hipótesis políticas de primer orden que pasaría por el reconocimiento común de una misma realidad compartida a partir de situaciones que son heterogéneas. ¿Qué posibles agendas podría compartir este cognitariado? ¿Cuáles podrían ser sus reivindicaciones y cuáles sus instituciones?
  • Análisis de la función institucional en la producción cultural tanto desde la perspectiva de las instituciones artísticas como de posibles instituciones alternativas todavía por crear.
  • El futuro de la producción cultural y las políticas de sector. ¿Es posible que las industrias creativas, al lado de la I+D+I, lleguen a ser un elemento central de activación económica y de renovación de los ciclos de acumulación, o se trata de una mera retórica subordinada a otros procesos de acumulación ligados? Se requiere aquí de un cierto análisis de lo que llamaríamos el sector y las políticas de sector.
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